domingo, 3 de enero de 2016

Elogio de la grieta

El concepto de “grieta” se ha instalado desde hace meses desde el poder mediático como una pseudocategoría que aparenta carácter filosófico. No es extraño encontrar programas de Tv que todavía le dediquen minutos y minutos de aire, y panelistas que parecen haber realizado posgrados en “la grieta”. Ha tenido este concepto la misma suerte que la idea de “Cambio”, es decir, lograron instalarlo con un particular sesgo: deshacer la posibilidad de una continuidad política en nuestro país y fundamentalmente generar consenso público sobre la necesidad de poner patas arriba el camino andado hasta el momento. No solo en todo lo que refiere a la distribución del ingreso sino en el estilo político, las formas, la tradición reivindicada, todo lo que huela a “nacional y popular”, todo lo que huela a “cabeza”, lo que huela a “chori”. Y digo especialmente “huela” retomando aquella idea de Rodolfo Kush, cuando hacía referencia al hedor, enfrentada a la pulcritud.

Hay en esta oposición hedor-pulcritud una intuición muy potente que puede ayudarnos hoy, y que incluso, tiene que ver con la fe. Vale la pena una cita, aunque extensa:

...el remedio natural del que se siente desplazado, un remedio exterior que se concreta en el fácil mito de la pulcritud, como primer síntoma de una negativa conexión con el ambiente. (…) La verdad que tenemos miedo, el miedo de no saber como llamar todo eso que nos acosa y que está afuera y que nos hace sentir indefensos y atrapados. (…) Hay cierta satisfacción de pensar que efectivamente estamos limpios y que las calles no lo están (…) Y lo pensamos aunque sea gratuito porque, si no, perderíamos la poca seguridad que tenemos, aunque sea una seguridad exterior, manifestada con insolencia y agresión, hasta el punto de hablar de hedor con el único afán de avergonzar a los otros, los que nos miran con recelo. (R. Kusch; América Profunda, 1999)

Y continúa explicando Kusch que esta relación es una “aversión irremediable”, que aplicamos a todo lo americano enfrentados a una pretendida identidad europeizada. Frente a los hedientos será cuestión de “internarlos y limpiar la calle e implantar la pulcritud”. La historia de América y de nuestro pueblo está atravesada por esta oposición: la barbarie y lo civilizado; el negro, el indio y el blanco; unitarios y federales; el inmigrante y el criollo; pueblo y oligarquía; peronismo y antiperonismo.

En una recorrida teológica del cristianismo vemos también como la analogía de “la grieta” está legitimada y aceptada, utilizada como algo posible y evidente, provocado por las mezquindades humanas. En la famosa historia del rico llamado “Epulón y el pobre Lázaro”, se le recuerda a aquél que en vida había recibido bienes que “entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí" (Lc. 16, 19-31). De igual manera en el Evangelio de Lucas, Jesús advierte a sus discípulos sobre los fariseos: “Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo! (…) ¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división. De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra». (Lc. 12, 49-53) Están plagadas las sagradas escrituras en la tradición hebrea, cristiana e islámica de este tipo de confrontaciones. Otro claro ejemplo son los salmos llamados imprecatorios que desean la muerte incluso al adversario. La interpretación moderna ha espiritualizado la hermenéutica sobre ellos, pero es imposible esconder el antagonismo que plantean.
Es verdad que Jesús de Nazareth, murió por todos, pero vivió desde los más pobres y corrió la suerte de los delincuentes. Murió como morían los más despreciados. Es desde ahí que está planteada la universalidad de su mensaje: que todos los hombres sean hermanos.

Tanto en la filosofía (hay una amplísima producción en la tradición del humanismo, o en el personalismo filosófico) como en las religiones monoteístas, existe una intuición que tiende a la unidad del género humano y de la búsqueda del encuentro con el otro. Aunque esa unidad siempre parte de la no exclusión de nadie. Cuando hay un excluido, no hay unidad posible.

Hay que ser claros, en política no da lo mismo cualquier cosa. Uno siempre se para desde un lugar, y es desde ese lugar donde mira el mundo y apunta a un horizonte. De esta manera, debemos decir “bienvenida la grieta”, “la grieta aclara”, “no da lo mismo cualquier cosa”. Siempre hubo grieta porque siempre hemos podido elegir dónde pararnos.
Mienten aquellos que prometen unidad, porque no hay unidad posible planteada sobre la base de la exclusión de algunos sectores sociales. O se benefician unos, o se benefician otros. El modo único de bien-estar social que se plantea, es posible sólo en el camino del crecimiento humano, social y económico de los más humildes. Pero no para, creciendo, convertirse a la lógica de los sectores de poder (develar esta dinámica es tarea de la militancia social). De esta transformación de mentalidad de oprimido en opresor tiene mucho que ver la influencia de los medios masivos. No extraña entonces que amplios sectores populares terminen avalando políticas que le serán contrarias. Como escribía Paulo Freire “la gran tarea humanista e histórica de los oprimidos: liberarse a sí mismos y liberar a los opresores” de esta dinámica diabólica1 de la deshumanización.

La patria es el otro

Más allá de las acepciones políticas, hubo en esta expresión de la ex presidente una genial intuición y definición política. Aquél sustrato unificador, aquella identidad común que reúne en un origen y un destino colectivo, marcada por la pertenencia a la tierra de nuestros padres y madres, a nuestros antecesores, a nuestra herencia, tiene un carácter fundamental que es la vida plena del otro. Especialmente el otro que sufre, el otro que es otro por lejanía social, por diversidad cultural, sexual, económica, religiosa. La Patria en este caso es una pertenencia inclusiva, una identidad que integra.
Mauricio Macri, llamativamente en su jura como presidente evitó decir la fórmula que reza “desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo de presidente de la nación” y reemplazó por “lealtad y honestidad”. Esta omisión nos permitiría jugar con la idea de que en la nueva administración pública existe, incluso semióticamente, una ausencia del otro como conciencia libre y autónoma. Sin embargo, el nuevo presidente sí rezó la parte de la fórmula que dice “que Dios y la Patria me lo demanden”. Esto es, hay una comunidad humana, que está junto a la figura trascendente de Dios, vigilante y juzgadora. Vox populi, vox Dei. El Pueblo, la Patria, que como una multitud de otros diversos espera que no se obre en contra de sus intereses.
El Cardenal Poli en el Te Deum en la Catedral porteña, algo que fue poco advertido, dedicó sus palabras a esta idea de Patria e incluso leyó una oda de Borges sobre el tema, como recordando la trascendente importancia de su omisión.


La distinción nosotros/ellos es constitutiva de la política

No existe posibilidad de vida democrática pretendiendo la unidad total de los intereses. Esa “unidad” proclamada y deseada desde los programas televisivos del prime-time es la anulación de toda política democrática. La anulación de los deseos del otro. Traducido significa la dominación total de los intereses de algunos. Solo ahí será la desaparición del conflicto. Es la paz de los cementerios. De algún modo, es la concepción de la política liberal entendida como amigo/enemigo. Al enemigo se lo destruye. Fue la oposición y su infantería mediática, sumado a no pocos errores del gobierno saliente quién generó un ambiente de antagonismo destructivo.
Sin embargo, una concepción necesaria, como democracia raizal2 requiere entenderla desde la dinámica nosotros/ellos que acepta unas reglas de juego comunes y pugna por una nueva hegemonía de intereses, pero no con la eliminación el otro sino con el sometimiento adversarial dentro del marco de las reglas de juego comunmente consensuadas (por ej. el sistema constitucional vigente). A esto llama Chantal Mouffe un modelo agonista de lo político. Entiende la posibilidad de “una grieta”, incluso como deseable y necesaria, pero en la cual ninguno se caiga dentro. Esto quiere decir entender al conflicto como constitutivo de la dinámica política. En una democracia raizal al adversario se lo derrota legítimamente no se busca su eliminación, sino más bien instalar una nueva hegemonía.

Un Papa con política y teología agonista

En esta línea se encuentran las enseñanzas sociales del Papa Francisco. En Evangelii Gaudium (2013), su primer exhortación apostólica, enuncia cuatro principios cristianos para marchar en la construcción de un mundo con paz, justicia y fraternidad. Allí aclara:

la paz social no puede entenderse (...) como una mera ausencia de violencia, lograda por la imposición de un sector sobre los otros. También sería una falsa paz aquella que sirva como excusa para justificar una organización social que silencie o tranquilice a los más pobres, de manera que aquellos que gozan de los mayores beneficios puedan sostener su estilo de vida sin sobresaltos mientras los demás sobreviven como pueden. Las reivindicaciones sociales que tienen que ver con la distribución del ingreso, la inclusión social de los pobres y los derechos humanos, no pueden ser sofocadas con el pretexto de construir un consenso de escritorio. La dignidad de la persona humana y el bien común están por encima de la tranquilidad de algunos que no quieren renunciar a sus privilegios. (EG, 218)

Es así que, si bien Francisco nos exhorta a buscar la prevalencia de la paz sobre el conflicto, reconoce que “el conflicto no puede ser ignorado o disimulado. Ha de ser asumido. Pero si quedamos atrapados en él, perdemos perspectivas.” ¡Cuánto servirán estas palabras para hacer un exámen de conciencia de nuestra militancia!
De la misma manera utiliza la metáfora del poliedro (EG, 236) (en contraposición a la esfera) para comprender de una manera inclusiva, las diversidades existentes a nivel global y cómo estas deben integrarse en las dinámica de una globalización de la solidaridad, respetuosa de los intereses de las comunidades humanas y de la Tierra. Esta visión entra en contradicción con la globalización universal y unipolar que plantean los intereses del capitalismo financiero liberal, condenado por inhumano e idólatra, por lo tanto no cristiano.

No casualmente, el Papa en sus primeros discursos compartía el deseo de que sus pastores, (y por qué no el laicado) tuviera “olor a oveja”. Ese olor (hedor) propio de lo popular, de la vida cotidiana, del trabajador satisfecho por su trabajo y lucha diaria, el olor del guiso solidario, de la fraternidad y no del individualismo pulcro que solo piensa en cerrar la grieta que gede. Ahí debe estar, y desde ahí pensar y hacer política, quien pretenda la unidad, la paz y la fraternidad social, sobre la base de la justicia.



La imagen pertenece a diarioregistrado.com

1Del griego dia-baléin, “separar, dividir, desunir”. Las dimensiones de diabólico-simbólico en la naturaleza y la vida personal y social son desarrolladas por el teólogo brasileño Leonardo Boff.

2Mouffe utiliza la expresión “democracia radical”. Debido a la acepción partidaria que el término tiene en nuestro país prefiero utilizar el termino “raizal”, sumando también el desarrollo que hace sobre el adjetivo la filósofa Isabel Rauber.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

El balotaje desde la óptica de las enseñanzas sociales del Papa Francisco

Por Facundo Barrionuevo

"El padre de la mentira sabe usurpar palabras nobles,
promover modas intelectuales y adoptar poses ideológicas.
Pero si ustedes construyen sobre bases sólidas,
sobre las necesidades reales
y la experiencia viva de sus hermanos campesinos e indígenas,
los trabajadores y excluidos y las familias marginadas,
seguramente no se van a equivocar".
Papa Francisco (Bolivia, 09/07/15)

   Si bien la Doctrina Social de la Iglesia, jamás va a señalar o bendecir un partido o frente político por más que se autoproclame defensor de los valores y principios del cristianismo, nos es posible leer la coyuntura y disputa electoral con los lentes de su enseñanza y ensayar algunas apreciaciones. Es decir, por más que no es de interés de este conjunto de orientaciones eclesiales digitar el voto a sus fieles, sabemos que no puede dar lo mismo cualquier opción.
No es novedad por otra parte, la influencia de los “cuadros” jerárquicos (curas, obispos) como inspiradores y legitimadores ideológicos en las más diversas disputas políticas a lo largo de toda nuestra historia nacional. Incluso reciéntemente, algunos periodistas y operadores políticos dejaron ver la influencia que habían jugado los párrocos y curas “villeros” en la interna PASO del peronismo de la provincia de Buenos Aires y luego en los resultados de la elección del Gobernador de la Provincia. Nadie ignora que Julián Domínguez era el candidato de la amplia mayoría del Episcopado nacional e incluso que llegó a provocar molestias en Santa Marta, que no se produjera el “gesto de humildad” por parte del otro candidato. No da todo lo mismo.

   Ya los gestos, discursos y escritos del Papa Francisco empiezan a formar parte de lo que conocemos como Enseñanza Social de la Iglesia. Y aunque al decir de él “tampoco se deba esperar del magisterio papal una palabra definitiva o acabada sobre todas las realidades que afectan a la Iglesia y al mundo” (cfr. Evangelii Gaudium n°16) bien podemos analizar algunas de sus orientaciones, en función de la elección presidencial que viene.
   En el menú vernáculo que se nos ofrece para ocupar el sillón de Rivadavia, aparece por un lado una oferta claramente neoliberal y conservadora con equipos de trabajo extraído de las gerencias de grandes transnacionales, con recetas de ajuste y endeudamiento, y por el otro, un complejo entramado político que va de izquierda al centro, que encuentra a Scioli como exponente de lo que se espera sea un modelo de desarrollo con inclusión social con un sistema de pesos y contrapesos interno que oscilará entre posibilidades más o menos populares.
   El papa Francisco ha venido desarrollando a lo largo de sus escritos oficiales, discursos, viajes y audiencias, unas máximas que no dejan lugar a dudas lo que debemos mirar en los partidos y candidatos, a la hora de ejercer el derecho ciudadano al voto. Y que de la misma manera nos señalan valores para ejercer como laicos un protagonismo social y político:
   Todavía resuena las palabras, y la emoción que dejó el escuchar a un “Sumo Pontífice” clamar "Ninguna familia sin vivienda, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos, ninguna persona sin la dignidad que da el trabajo" (Discurso a los Movimientos Populares, 28/10/2014), de donde hoy se recupera la consigna “Tierra, Techo y Trabajo” como bandera.
   Pero esto no era una novedad, ya nuestro papa argentino había declarado con fuerza en la Exhortación apostólica”, “hoy tenemos que decir no a una economía de la exclusión y la inequidad. Esa economía mata.”(EG. 53) Y aclaraba “algunos todavía defienden las teorías del 'derrame', que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social” (EG. 54). Es “una economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano” (EG. 55).
   Del mismo modo, ante los reclamos de seguridad, vincula la violencia social a las relaciones de exclusión, y advierte que “hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad (…) será imposible erradicar la violencia” “El sistema social y económico es injusto en su raíz” (EG. 59). Y denuncia que las estrategias de represión y las armas “no resolverán jamás” el daño del tejido social y sobre todo “crean nuevos y peores conflictos”.
   Sobre los pobres y la pobreza, en el Encuentro de Movimientos Sociales realizado en el Vaticano, exhortaba que son “hipócritas” aquellos que abordan la pobreza con "estrategias de contención que únicamente tranquilice y convierta a los pobres en seres domesticados e inofensivos". Señalaba que “Los pobres no solamente padecen la injusticia sino que luchan contra ella”, motivando siempre a la acción social. Pero no ignora que hoy el fenómeno de la exclusión, producto de esta “sociedad del descarte”, es la mayor degradación de la persona, que lo aleja de la sociedad y lo convierte no ya en “explotado” sino en “desecho”, en “sobrante”.
   
   Sería muy extenso abordar todas las cuestiones que ha desarrollado Francisco en estos dos años de pontificado, por ejemplo: el cuidado del medioambiente, la familia, los jóvenes y ancianos, la trata de personas, el narcotráfico, el tráfico de armas, la pena de muerte y la dignidad toda vida humana, la violencia, el fundamentalismo, la inmigración, el lugar y los sufrimientos de la mujer en esta sociedad del consumo, la defensa de las culturas nacionales, los medios de comunicación, la Patria Grande y un largo etcétera. No en vano ha cosechado opositores en todas las geografías y los rubros, desde sectores episcopales y religiosos, sectores del periodismo internacional y local, los exiliados cubanos en Miami, el Partido Republicano en E.E.U.U., etc. etc. etc. 
   
   Ya no es posible citar al Papa y pretender que la salida al “cuello de botella” de la crisis del capitalismo globalizado se resuelva con ajustes y recetas del liberalismo de mercado. Es coherente entonces que, sorpresivamente, algunos ya evitan hablar del Obispo de Roma. Parafraseando al Obispo Miguel Hesayne diremos que: "no se puede citar al papa y ser neoliberal".


   Las grandes tradiciones religiosas a lo largo de la historia, desde Hammurabi hasta las religiones monoteístas actuales, incluso las comunidades indígenas, tienen una ética común, expresada en una máxima que es una constante: “servir a la viuda, dar de beber al sediento, dar de comer al hambriento y vestir al desnudo”, (Cfr. Enrique Dussel) de manera que hay aquí un fundamento raizal como principio de diálogo para una política que parta de los más humildes a todos.
   El Evangelio es claro: “nadie puede servir a dos señores,(...) no se puede servir a Dios o al dinero” (Mt. 6,24). En los textos sagrados, desde el Antiguo Testamento, la inclinación del Señor es la escucha de su Pueblo, de los sufrientes, de los humildes e inspirar a hombres y mujeres libres que se conmuevan por los más olvidados. Como decía Carlos Cajade “si el mundo no se piensa desde el pobre se construye contra Dios”.
   Nos queda señalar que, este “papa del fin del mundo”, no sólo nos da algunas pistas para juzgar la contradicción fundamental que se nos aparece, sino que nos recuerda, en los consejos a los jovenes hablándoles de la evangelización, el camino para defender las conquistas que ya son potestad de nuestro pueblo: la militancia, la movilización, el salir afuera, salir a la calle, no quedarse en la comodidad, tomar la iniciativa, “hacer lío”, “primerear”, buscar motorizar procesos históricos de largo alcance y no la desesperación por los cargos, construir sobre las necesidades reales de los excluidos y marginados.

   Claramente, Francisco toma posición y se ubica de un lado de la vereda, instalando criterios y valores que sirvan como horizonte para la búsqueda de una salida a esta crisis terminal del capitalismo global, tal como lo hemos conocido. Este es el telón de fondo que corre tras la escena de los dos candidatos a presidente de la Nación, eso es lo que está en juego. Nunca dirá a quién votaría, pero nos recuerda: “voten con responsabilidad” y “ustedes ya saben como pienso”.


Un musulmán y un cristiano frente a los hechos de París

Por Facundo Barrionuevo y Kamel Gomez El Cheij

En este contexto internacional, de profundas conflictividades económicas, políticas y sociales, que no deja de lado la dimensión espiritual y religiosa de la vida humana, y en especial haciendo foco en los fenómenos del fundamentalismo y las acciones bélicas que se desarrollan como disputas geopolíticas entre las potencias mundiales, nos hemos dado a la tarea de construir espacios de reflexión política e interreligiosa, desde la singularidad de una amistad entre un cristiano católico y un hermano musulmán shií.
Antes de toda interpretación política vemos la necesidad de plantear que en este momento histórico que atraviesa nuestra sociedad “global”, existe una emergencia humana, y por eso es necesario condenar toda forma de sufrimiento de cualquier pueblo; solidarizarse con las familias de aquellos que han muerto en los atentados parisinos, y también con aquellos que mueren día a día, olvidados en distintas regiones del planeta, particularmente en Medio Oriente y África.
Ibn Jaldún nos enseñó que, a veces, la historia y el presente se parecen como dos gotas de agua. Ya conocemos los sucesos de Afganistán, Al Qaeda y Osama bin Laden. De las Torres Gemelas a Paris, hay más explicaciones geopolíticas y económicas que religiosas.
Nos duele Paris. Tanto como Palestina, Iraq, o Siria. El terrorismo siembra miedo, y de ese desdichado temor suelen justificarse políticas que terminan provocando… más terrorismo. No resolveremos el problema del terrorismo financiando terroristas, entregándoles armas de última generación, apoyo logístico e inteligencia. La mejor manera de resolver la crisis que provoca el mal llamado “estado islámico” –que no es ni una cosa ni la otra- es dejar de enviarles armas e impedir que los mercenarios patrocinados por la OTAN ingresen al territorio sirio e iraquí.
Tampoco resolvemos el terrorismo persiguiendo a los “descartados”, cercándolos, creando muros que impidan a la “población sobrante” acceder a la educación, a la salud, a un trabajo digno. Los jóvenes europeos que deciden viajar a Siria lo hacen en su mayoría porque fueron abandonados por sus sociedades. El “estado de bienestar” es ya una hoja difícil de encontrar en los libros de historia. Sin proyectos de vida, cansados de drogarse, los marginados de Europa consiguen “trabajo” asesinando en Medio Oriente, para luego regresar y seguir haciendo lo único que saben.
Francia cerró sus fronteras. Así entendemos que el atentado levanta un muro a los refugiados. Ellos son los que se escapan del otro terrorismo, el económico, que también mata, de hambre. Son los oprimidos de otro fundamentalismo, el de mercado.
La religión del “dios dinero”, opio de los ricos, que destroza a los hombres; sea con consumismo enfermizo para los que entran en el sistema, sea con miseria y guerras. La Naturaleza, que tiene espacio para todos, también sufre los logros de esta civilización “que se pasó de rosca”.
Percibimos con temor toda reacción islamofóbica como consecuencia de estos hechos. La interpretación fácil y primera que dejaron ver algunas cadenas informativas fue que “quienes habían perpetrado los atentados fueron refugiados recientemente llegados a Francia”. Desde los sucesos del Charlie Hebdó hubo múltiples registros de incidentes xenófobos contra comunidades musulmanas, donde la policía, muchas veces, deja hacer. No dudamos que vuelvan a sucederse hechos similares con los refugiados sirios, o musulmanes en general, a raíz de los atentados de París. Todo esto acompañado por decisiones políticas de signo chauvinista. Ya conocemos la historia de Europa. No queremos que se repita
Sin embargo, no hay que situarse en Europa para observar expresiones de desprecio étnico o religioso. Basta navegar un poco por las redes sociales para observar cómo estas posturas segregacionistas prenden en un sector de nuestra gente. Se activan los integristas católicos (que también son fundamentalistas) argumentando contra el “aperturismo” europeo y poniendo el foco en un supuesto “relativismo religioso” propio de una Europa que ya hace tiempo no es más exclusivamente cristiana.
A ello hay que interpelar con las enseñanzas de la Iglesia, en el Concilio Vaticano II y en particular con aquello que señala el papa Francisco:
“Todos los pueblos forman una comunidad, tienen un mismo origen, puesto que Dios hizo habitar a todo el género humano sobre la faz de la tierra y tienen también un fin último, que es Dios, (…) cuyo designio de salvación se extiende a todos.” (Declaración Conciliar Nostra Aetate, 1)
Recordando las desavenencias del pasado, el Concilio exhorta:
“Procuren sinceramente una mutua comprensión, defiendan y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres” (NA, 3).
No hay lugar al desprecio de parte de los cristianos por ningún pueblo y menos por el Islam, con quienes compartimos la filiación con nuestro padre Abraham, la adoración a un Dios único y un compromiso ético por los más pobres. “El que no ama, no ha conocido a Dios” (1 Jn. 4, 8).
Ruega el papa Francisco en su Carta Evangelium Gaudium por la libertad religiosa para todas las creencias, y en especial resalta que:
“Frente a los episodios de fundamentalismo violento el afecto hacia los verdaderos creyentes del Islam debe llevarnos a evitar odiosas generalizaciones porque el verdadero Islam y una adecuada interpretación del Corán se oponen a toda violencia” (EG, 253).
Las palabras de Francisco –del que se habla mucho, pero poco se lee- nos introducen al “verdadero Islam”. Importante tarea es la que les toca a los musulmanes. En el diálogo ya hay parte de la solución.
Hacia afuera de su comunidad, en la convivencia con los hermanos no musulmanes, se debe señalar la injusticia de que determinadas palabras sean casi propiedad del Islam. Fundamentalismo, integrismo, terrorismo, parecen sólo encontrarse en el diccionario islámico. Basta ver lo que padece el pueblo palestino para tener otra perspectiva. Quizás sea necesario mencionar que las principales víctimas del terrorismo son…los musulmanes. El ISIS ahora, y antes Al Qaeda, han realizado sus principales atentados terroristas en tierras de mayoría musulmana.
Por otro lado, hacia adentro de la comunidad de creyentes musulmanes, es tarea impostergable denunciar con firmeza y claridad la doctrina fundamentalista que sirve de soporte ideológico para justificar tales prácticas. Grupos reducidos de fanáticos no representan a la inmensa mayoría de los musulmanes. Hace tiempo que intentamos distinguir que la doctrina takfirí Wahabí, la cual se considera la única poseedora de la verdad y la salvación –dicho sea de paso, pretensión nada nueva en la historia del hombre-, es ajena a las enseñanzas del Islam.
Han amputado el mensaje del Islam, intentan usurpar la interpretación integral del Corán, quieren matar la belleza de la mística islámica, descuartizar su historia, corromper su espíritu celestial, degollar su sabiduría. Quieren cambiar el conocimiento transmitido por los profetas, por su ignorancia materialista.
El profeta Muhammad (conocido como Mahoma) señalaba a aquellos que leen el Corán, y el mismo Corán los maldice. Desde la perspectiva islámica, el Libro Revelado de los musulmanes es la teofanía por excelencia. En su lectura, comprensión, estudio, contemplación, es donde encontramos la metafísica, la teología, la ley, la ética y la historia sagrada. ¡Qué lejos están los fundamentalistas de todas estas enseñanzas!
Ya terminando esta breve reflexión, nos recuerda el papa Francisco que,
“un diálogo en el que se busquen la paz social y la justicia es en sí mismo, más allá de lo meramente pragmático, un compromiso ético que crea nuevas condiciones sociales” (EG 250)
Y nos enseña el Corán:
“¡Gentes! Los hemos creado a partir de un hombre y una mujer y los hemos hecho pueblos y tribus distintos para que se reconozcan unos a otros.
Y en verdad que el más noble de ustedes ante Dios es el más piadoso.
Dios todo lo conoce, está bien informado” (49; 13)


viernes, 16 de enero de 2015

El papa Francisco no es “Charlie” (un pensador irreverente)

La gloria de Dios, es que el hombre viva
(san Ireneo, obispo de Lyon, Contra las herejías
Libro 4, 20,5-7)


   El papa Francisco en sus declaraciones ante los periodistas, en vuelo desde Sri Lanka a Manila, habilitó o legitimó una contra-corriente que por lo bajo se venía haciendo sentir en las redes sociales: #YoNoSoyCharlie.
   La necesaria y rápida solidaridad en todo el mundo a los asesinados en el Semanario Satírico Charlie Hebdó y al pueblo francés, agredido por una acción aberrante y en todo condenable, se nucleó tras el hashtag #YoSoyCharlie. Sin embargo lo que en esa bolsa de declaraciones aparecía era evidentemente contradictorio y dispar. Desde defensores de los derechos humanos, progresistas de izquierda, promotores de la paz mundial entre religiones, hasta partidarios del liberalismo más recalcitrante.
   
   Es quizás tiempo de realizar una acción pensante que sacuda los lugares comunes de la solidaridad sin más. Eso sí, sin ambigüedades en el rechazo a toda acción asesina.
   Una vez más resuena, la voz valiente de un papa sin temores. La voz a contramano por un mundo con necesidad de transformaciones históricas y de carácter civilizatorio. Aunque en este juego de oposiciones, también en el paquete de #YoNoSoyCharlie hay heterogeneidades y contradicciones, la oposición ayuda a pensar y alumbrará un nuevo lugar desde el cuál mirar la complejidad de la trama.
   
   El papa Francisco instaló el debate sobre la libertad: de culto, de expresión, y por extensión sobre las “otras libertades” también, al decir “no se puede insultar la fe de los demás. No se le puede tomar el pelo a la fe”, y también “en la libertad de expresión hay límites”. Citó ejemplos de las guerras “de religión” como la “Noche de San Bartolomé” en el s. XVI donde católicos asesinaron miles de protestantes en Francia.
   Inspirados por la actitud del papa, cabe preguntarse ¿son “de religión” estos hechos a los que asistimos? ¿Qué tan real es la separación moderna entre política y religión? ¿Es válida esta concepción volteireana de la libertad para la construcción de una humanidad en paz? ¿Es posible la libertad a toda costa? ¿Colabora en el camino hacia una “pax perpetua” la pretensión moderna de extirpar de la vida pública toda expresión religiosa? Recordemos que estas concepciones se instalaron a sangre, fuego y guillotina en la Revolución Francesa. Ni siquiera Robespierre pudo escapar al ajusticiamiento que el mismo ayudó a instalar en la Francia del Terror contra aquellos que se oponían a la Revolución. Habría que buscar en los orígenes filosóficos y políticos de esta Modernidad algunas claves para pensar el presente y el futuro en dimensiones planetarias.
   Europa, y Francia en particular, hicieron escuela de terrorismo de estado, dentro y fuera de sus fronteras. Sus cuadros militares y hasta religiosos enseñaron tortura, represión y “consuelo espiritual” a ejercitos y agentes del tercer mundo para desarrollar dictaduras y gobiernos despóticos. El colonialismo genocida del siglo XX los tuvo como abanderados, y hoy cooperan en los manotazos por mantener la hegemonía mundial de los EEUU. Desde luego no citamos estos elementos para justificar los ataques al Charlie Hebdó, pero tampoco pueden ocultarse al sentido común, que forma su opinión por los sesgos de las grandes cadenas de información del imperialismo mundial, que consigue justificar sus teorías de seguridad y vigilancia global.
   
   Se hace necesario caminar con sólidas formaciones y conocimiento en torno a las tradiciones religiosas y espirituales del mundo, como patrimonios espirituales de la Humanidad. Es tarea para todos aquellos que quieran colaborar en la construcción de un mundo más humano. En especial para los militantes políticos, intelectuales de todo orden, aquellos que tienen responsabilidades públicas, comunicadores, etc. Debe construirse un nuevo movimiento de derechos humanos en torno a lo religioso, como se fue conformando en torno al género, las etnias y a los crímenes del terrorismo de estado.

   Esta “civilización pasada de rosca”, globalización de la indiferencia”, con una “economía de exclusión1” que pone por delante al “dios dinero”, exacerbando el consumo frente a toda vida humana, cosecha tempestades, inseguridad, violencia, pobreza y muerte en todas las regiones del mundo. La filosofía política puede encontrar en las grandes tradiciones religiosas criterios y orientación para basar un nuevo paradigma: rezan los textos sagrados desde Hamurabbi y Egipto, pasando por la Biblia y el Corán el precepto común y misericordioso de “dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, consolar a la viuda y vestir al peregrino2”. Es decir, reencontrarse con las bases espirituales que empujan a realizar una opción por los últimos, por los desheredados de la tierra. Ahí si la espiritualidad, la religión, una opción ética por los valores fundamentales de la vida humana se reconstituirá como co-laborador de la historia hacia democracias cada vez más radicales y proyectos de justicia social.

   Como señala el filósofo mendocino Enrique Dussel, hay que comenzar una “crítica de la religión”. Esas corrientes fundamentalistas que están en todos los relatos religiosos, sí son “el opio de los pueblos”. Es un fenómeno extendido en todo el mundo, y América Latina no es ajeno, que ante la crisis de identidad, el contexto de exclusión, la falta de proyecto de las juventudes crecen y se ensanchan los movimientos religiosos ultraconservadores e integristas: los fundamentalismos islámicos, judíos sionistas, algunas iglesias pentecostales, y nuevos movimientos católicos, etc. fortalecen proyectos políticos de las derechas en todos los continentes3.

   Ante tanta complejidad nos queda el pensar. Ponernos sobre los acontecimientos contemplando. Intentado discernir los signos de estos tiempos. Buscando esas señas de los dioses huidos de los que nos hablaba Heidegger. Hacerle lugar a lo Sagrado, para que de la mano de poetas y pensadores que embellezcan otra vez nuestra tierra, abramos el camino hacia un Otro Comienzo.


Foto: laverdadyucatan.com

1Cfr. FRANCISCO, papa; Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium; CEA; Buenos Aires 2013
2Enrique Dussel, Seminario “Filosofía Política actual en América Latina” dado en la Universidad Nacional de Cuyo (2012)

3Para profundizar estudios sobre las configuraciones religiosas populares y cristianas de la cultura actual Cfr. estudios de sociología de la religión de Fortunato Mallimacci (UBA) y pbro. Marcelo González (UBA).

miércoles, 11 de septiembre de 2013

RECHAZO A CUALQUIER PROYECTO DE BAJA DE EDAD DE IMPUTABILIDAD

“Habrá que llenar el futuro de recuerdos,
Cuando en este país, ser niño fue un privilegio,
ser trabajador un derecho adquirido y ser anciano una bendición.”
Alberto Morlachetti


Desde la Asociación Civil y Centro Juvenil “Para que nunca te rindas” expresamos nuestro más ferviente rechazo a cualquier intento de baja de la edad de imputabilidad de los adolescentes, por considerarla una medida altamente represora y criminalizadora de la niñez y la pobreza.

En estos días, la prensa y los medios de comunicación,  han prestado especial atención a los dichos de varios candidatos políticos respecto de esta propuesta. Por tal motivo, creemos conveniente que todos los trabajadores de la niñez nos expresemos al respecto para frenar una nueva ola de opinión que siempre cala hondo en el carácter cultural de nuestro pueblo. Por eso, nos preocupa llamar a la reflexión a los legisladores en post de la defensa de la vida de nuestra infancia y ataque a las causas que generan el sufrimiento de tantos pibes y pibas de nuestro país.

Estas “recetas” espasmódicas surgen, de tanto en tanto, en boca de algunos “genios” de la seguridad, arrojando cifras mentirosas y confusas, carentes de un pensamiento profundo de la problemática que aqueja a nuestros barrios: el crimen organizado, las mafias del narcotráfico, la prostitución y trabajo infantil, la falta de empleos, educación y salud digna…

Creemos que es necesario fortalecer aún más el sistema de protección y promoción de derechos en la Provincia de Buenos Aires, en lugar de acudir a soluciones represivas. Quienes compartimos la tarea educativa con niños, niñas y adolescentes conocemos de su desprotección por parte del Estado, y afirmamos con vehemencia que el “Hambre es un Crimen”, que “ningún pibe nace chorro” y que solo con “Ternura, Venceremos!”.

Gabriel Eciolaza, Facundo Barrionuevo, Noelia Danzi, Rocío Manceñido

Comisión directiva de la Asociación Civil

martes, 30 de julio de 2013

PARTIR

Falta poco crío... falto poco Bautista, falta poco para el PARTO. 

Aunque ya hemos PARTIDO y seguiremos PARTIENDO. 

Estamos a la espera a que se te antoje PARTIR, para estos lados del cuerpo de tu mami. 

El primer gran acto de rebeldía y libertad. Vamos a "hacer mucho lío" juntos. 

Estamos todos PARTIENDO hacia otros estados, todo el tiempo.... 

Ro y yo, dejaremos de ser solo hijos para ser ahora hijos-padres. Los amigos y hermanos, 

ahora serán amigos-tíos, hermanos-tíos! 

Los padres-madres ahora serán padres-abuelos. 

hasta tendremos abuelos-bisabuelos! ...

El corazón se ensancha, y PARTE... "hacia mundos donde quepan todos los mundos"



sábado, 27 de julio de 2013

"Hagan lío! ...quiero la Iglesia en la calle"

Así se dirigió el Papa Francisco, en su visita a Brasil, a los jóvenes argentinos. Los jóvenes viajeros de nuestro país, cercanos a los 40.000, tuvieron un momento de encuentro especial con el ex cardenal argentino Jorge M. Bergoglio.
En todas sus alocuciones públicas, el Papa tuvo fuertes palabras que ofrecieron titulares a los miles de medios de comunicación que cubrieron el evento y aparentan tener por objetivo sacudir un estado de situación que domina en la Iglesia Católica. Este estado de situación podría definirse muy rápidamente y en contraposición a las palabras de Francisco, como de encierro, clericalizada, sumida en conflictos internos debido a los escándalos sexuales y financieros, reaccionaria con respecto a temas de moral sexual, y en baja con respecto al crecimiento de las iglesias pentecostales y las corrientes de espiritualidad de origen oriental (sin contar el avance del islam en Europa).

Ahora bien, concentrándonos en la expresión, "a la argentina" que utilizó el Papa ante su auditorio juvenil, podemos ensayar algunas reflexiones. Evidentemente el llamado a "hacer lío" refirió en primer término al gran evento que significa la Jornada Mundial de la Juventud, donde cerca de 2 millones y medio de adolescentes y jóvenes invadieron la ciudad de Río. Pero, en segundo lugar habló de "hacer lío en las diócesis" a las que pertenecen, e incluso pidió disculpas por adelantado a los obispos y curas que posteriormente pueden hacerles lío a ellos. Como sabiendo lo que suele suceder a quienes toman posturas que desafían el statu quo en el aparato institucional eclesial.
Este Papa "venido del fin del mundo" evidencia conocer las profundas dificultades que toca a la Iglesia Católica que el preside. Desde el inicio de su pontificado, hemos escuchado voces desde el interior de la institución y desde fuera, que advertían sobre las audaces decisiones que requiere la hora actual. La pregunta fundamental es si efectivamente dará esos pasos para las profundas transformaciones que amplios sectores de la Iglesia y el mundo esperan. Mucho han llamado la atención los innumerables gestos que este nuevo pontífice realizó desde que llegó a la Cátedra de Pedro en marzo de este año. Sin embargo, desde los sectores más críticos presentaron reservas basados en los antecedentes de Bergoglio en la Arquidiócesis de Buenos Aires.
Lejos de hacer futurismo, sobre las decisiones con relación a algunos temas particulares, alimentamos las esperanzas de que realmente este papado sea de "ruptura" y "una nueva primavera", como lo ha manifestado el teólogo brasilero Leonardo Boff. A quién, extraoficialmente, el papa Francisco a manifestado intención de recibir, "luego de realizar la reforma a la Curia Romana". Recordemos que Boff, pertenece a la primera generación de teólogos de la llamada Teología de la Liberación, corriente teológica latinoamericana que fue perseguida por el Cardenal Ratzinger en el papado de Juan Pablo II y que luego continuó como Benedicto XVI, con innumerables sanciones a cerca de 500 teólogos en todo el mundo. A quiénes suponen que muchas de estas sanciones, Bergoglio, estaría dispuesto a levantar pero no en vida de Benedicto XVI.

Pero volvamos a lo de "hacer lío" y "salir a la calle". Muchas de las palabras, gestos, ideas y consejos "revolucionarias", son repetidas como cantinela por cierto sector del laicado y la curia, que precisamente no se identificaba con esas insistencias. Parece que, "ahora que lo dice el Papa" es políticamente correcto hablar de los pobres, de la iglesia en la calle, de los barrios. Seríamos injustos si desconocemos aquí a esa iglesia "sumergida" que, a pesar de las sanciones, las persecuciones e incluso los mártires, nunca claudicó en entregarse coherentemente con lo que creemos fue la causa de Jesús de Nazaret.
Lo que cualquier comunidad de base, organizada y que se siente heredera de la iglesia profética de América Latina, se encuentra cuando "hace lío" (por insistir en la lucha contra la pobreza y la transformación de las estructuras internas), es un muro que impide el trabajo e incluso la prédica. Esto, siempre que de algún modo no esté habilitado o legitimado por algún miembro de la jerarquía.Y cuando es el miembro de la jerarquía el que "hace lío", es más fácil, se lo persigue hasta que se agota, y en soledad, renuncia al ministerio, o se desarma una comunidad.
Por esto, no solo hace falta un Nunca Más de la Iglesia Católica en Argentina en relación a la última Dictadura Cívico-Militar y el terrorismo de Estado, sino también por la inmensa cantidad de hermanos y hermanas laicos, religiosos, curas y obispos que fueron sistemáticamente ninguneados, arrinconados, silenciados y apartados de sus ministerios y comunidades a lo largo de los años del neoliberalismo hasta la actualidad. 
Entonces cuidado, la Iglesia en la calle en nuestro país tiene un triste anecdotario. Un sector de la Iglesia argentina en las calles, fue capaz de promover y festejar golpes de Estado como los de Aramburu y Onganía, oponerse corporativamente a leyes que pedía gran parte del pueblo argentino como las de salud reproductiva, y ni que hablar de las operatorias con relación a las leyes de educación y el Código Civil.

Creemos necesario que todas las comunidades reflexionemos en relación a aquello que debería sacarnos a la calle: las injusticias sociales, la miseria, el desempleo, la explotación laboral, la trata de personas, la inseguridad planificada y sostenida desde la complicidad estatal y las fuerzas de seguridad, la violencia de género en todas sus formas, el desastre ambiental, el peso de la deuda externa, las reivindicaciones de los pueblos originarios, el estado de la salud y la educación pública. Y con otras metodologías del "lío", debemos también trabajar para la transformación radical de las estructuras de poder hacia el interno de las comunidades: el lugar de la mujer, el ejercicio de los ministerios, las decisiones económicas, la gestión de las instituciones, las formas litúrgicas, la formación del laicado, religiosos y seminaristas, el nombramiento de obispos y el diálogo interreligioso y ecuménico.
No habrá posibilidad de cambios de fondo, reales y estructurales si no cambian las bases y las estructuras de animación. Este es el mayor desafío, el más complejo. ¡Y no alcanza con la Curia Romana! Los formatos y las matrices de formación están íntimamente arraigadas en las burocracias y el sentido común de las comunidades, producto de los años de restauración ideológica y magisterial del papado de Juan Pablo II y de Benedicto XVI. Será un elemento cultural sobre el que habrá que trabajar con seriedad, audacia y profetismo, incluso con un abordaje de conversión espiritual. Habrá que desaprender todo aquello que llevó al estado de situación que hoy impera en la cultura católica. De modo que, los cambios reales y duraderos surgirán del encuentro entre la voluntad política de la autoridad eclesial y la disposición y recepción que haga el Pueblo creyente.
"Rehabilitar la política que es una de las formas más altas de la caridad", "el futuro nos exige una visión humanista de la economía (...) y una política que evite el elitismo", fueron otras de las expresiones del Papa frente a dirigentes brasileros. Luego de una mención a la actualidad del Brasil y las protestas juveniles hizo insistencia al diálogo y la "cultura del encuentro" como la actitud primordial en el campo de las luchas sociales. Aquí, particularmente considero que muchas veces, se corre el riesgo de tapar el carácter transformador que tiene el conflicto, espiritualizando conceptualmente procesos del plano político-económico y social que tienen dinámicas profundamente complejas. La insistencia en salvar la unidad, la comunión y "la paz en casa" generaron una cultura institucional, en ocasiones hipócrita, que por huir del conflicto se hace funcional a los ordenes hegemónicos.

Hace unas semanas vengo masticando varias de estas cosas. ¡Cómo fue posible el desmantelamiento de una iglesia que tenía por horizonte estos resaltados que hoy hace discursivamente y con gestos, el Papa argentino! Y nostálgico de un tiempo no vivido, me pregunto: ¿Cómo recuperar aquél ímpetu transformador de una juventud que, en la Argentina, se abrió camino dando los primeros pasos de compromiso social en comunidades cristianas y movimientos juveniles? ¿Cómo volver a hacer ese aporte singular y verdaderamente revolucionario a las fuerzas sociales, desde la formación de los adolescentes y jóvenes?
Resta confiar y colaborar con ese Espíritu, que sopla por donde quiere, y está empujando la historia en los millares de jóvenes latinoamericanos que a diario se suman a la inmensa marea de liberación que está llamado a realizar el continente. Pero desde una renovada y real humildad histórica de ser una, entre otras tantas instituciones del mundo actual. Sin eclesiocentrismos y catolicidades.